Este blog es continuación de mis otros dos anteriores (2008-2023): "El cuarto claro" (Poesía) y "Meridiana claridad" (Fotografía).
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Cascabeles nocturnos

 




Oh, Luna


Y tú, Luna, la usurpadora.
De su luz te alimentas y así cebas
el sueño blanco de los licántropos,
de algunos poetas, de los vampiros
pájaros-pobres-ratones con alas
como tú, pobre astro sin brillo propio,
¡pero que a la oscuridad iluminas!
Barres el día, acunas el sol,
decoras el opaco negro que nos hunde
con brillos de fantasía.
Y, así, te llaman dama de noche,
como si fueras diva, como estrella
de la película noctámbula.
Los búhos te ululan,
los zorros te ladran dulcemente,
alguna vez te retraté
entre las hojas de las encinas.
Blanca, blanca eres como la nube
blanca del día.
Qué es propio tuyo sino
el mismo espejo donde te miras.
Nuestra madrastra blanca como la nieve
que hasta las ratas aman
correteando bajo tu luz de ganga
ante los gatos y sus razzias de juguete.
Sol dado eres rodando mañana
sobre el tapete del seguro azar
sin más valor que el calor
del amo llovido sobre la tierra
en un tiempo que no te pertenece.
El pasado y el futuro te construyen,
¿para cuándo tu presente?

(Del libro "En un lugar del mundo", Ediciones En Huida , 2024) 





Una estampa del sagrado corazón







Sacré coeur (Contra el frío) 

casto silencio, 
sagrado corazón
entre el ramaje. 

pura apariencia 
tramada entre las ramas
del boscaje bosqueja
la afable fronda 
presa en la llama 
de mi interior. 

lígrima mudez,
sagrado corazón, 
calor eterno.

(De "Opiliones")

Yo no perdono

 


YO NO PERDONO

Me recuerdo aquel día con meridiana claridad. Estaba aquí, en nuestra cocina-comedor recogiéndola, ordenando o preparando algo. El niño, en el colegio, y mi marido trabajando en Sevilla, disponiéndome a comenzar la jornada "fuera", en el campo, realizando cualquier labor que tocara, como hoy mismo. La radio puesta, Cadena SER, como desde hacía muchos año escuchaba cuando trabajaba en la cocina. Me asaltó la noticia de la primera explosión y entonces encendí la tele. Conforme pasaron los minutos fui dándome cuenta de la envergadura del atentado. Mi primer pensamiento: esto no ha sido ETA. Yo tenía por entonces 42 años, había vivido el terrorismo de eta desde el 73, cuando mataron a Carrero Blanco, tenía conocimiento de sobra para, con una simple imagen, poder deducir... La radio, Iñaki Gabilondo en concreto, que hasta ese momento comportaba para mí el sursum corda de la fiabilidad como periodista, entrevistó no sé si a Acebes. No le inquirió, no lo presionó en sus preguntas, no planteó ninguna duda, simplemente dio por buenas las explicaciones por las que el gobierno de Aznar atribuyó el atentado a eta (y ahí sigue el mentiroso, sosteniéndola y no enmendándola), se conformó, se plegó. Yo, una simple ama de casa de 42 años, estaba segura de que no había sido ETA. Desde aquel día dejé de escuchar a la cadena SER. Hasta que me muera. Lloré aquel día y hoy se me han saltado las lágrimas recordando. Por supuesto no era votante del PP. Pero desde ese día, dejé de admitirlo como contrincante político en la realidad española. Ilegazilarlo, es lo que habría hecho y haría hoy en día. No por equivocarse (ha tenido 20 años para corregir), sino por mentir a todo un pueblo, a su débito,  a sus pies y sus manos, su corazón, su cerebro... De más está decir que no he vuelto a escuchar a Gabilondo ni en un mísero podcast.