Este blog es continuación de mis otros dos anteriores (2008-2023): "El cuarto claro" (Poesía) y "Meridiana claridad" (Fotografía).
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Cascabeles nocturnos

 




Oh, Luna


Y tú, Luna, la usurpadora.
De su luz te alimentas y así cebas
el sueño blanco de los licántropos,
de algunos poetas, de los vampiros
pájaros-pobres-ratones con alas
como tú, pobre astro sin brillo propio,
¡pero que a la oscuridad iluminas!
Barres el día, acunas el sol,
decoras el opaco negro que nos hunde
con brillos de fantasía.
Y, así, te llaman dama de noche,
como si fueras diva, como estrella
de la película noctámbula.
Los búhos te ululan,
los zorros te ladran dulcemente,
alguna vez te retraté
entre las hojas de las encinas.
Blanca, blanca eres como la nube
blanca del día.
Qué es propio tuyo sino
el mismo espejo donde te miras.
Nuestra madrastra blanca como la nieve
que hasta las ratas aman
correteando bajo tu luz de ganga
ante los gatos y sus razzias de juguete.
Sol dado eres rodando mañana
sobre el tapete del seguro azar
sin más valor que el calor
del amo llovido sobre la tierra
en un tiempo que no te pertenece.
El pasado y el futuro te construyen,
¿para cuándo tu presente?

(Del libro "En un lugar del mundo", Ediciones En Huida , 2024) 





Dos Ángelus, un ángel.

Estas cosas siempre me pasan, un poemario se enlaza con otro, intrincadamente, eso sí. Este ángel siempre se me aparece a la misma hora, las doce del mediodía, unas veces le hago fotos y otras no.


Aeternitas II (Ángelus ll)


No importa rezo,

si aro o siembro, el ángel

visita su hora


cristalizando

el tiempo, anunciando

la eternidad


de su compañía.


(Ayer)


Ángelus


Después, se nos apareció el ángel.

De la misiva celeste al árbol alado,

de los cauces labrados por tu espalda

a la virtud de la tierra abierta

sin desfallecimiento, exenta de sí misma,

entregada al beneficio del calor

y de la luz ya ocupándolo todo,

la geoda tierna resplandece

liberada de tanto cristal de invierno.

Como un barrunto de milagro,

como un sucesivo desconcierto

de alfiles al golpe de la espada

que nos favorece la generosidad

de tanta alma enterrada

junto a las lombrices y los sapos

, se evapora

el frío del barro y la salud aflora

rejuveneciendo el designio:

el ángel del tiempo canta las bondades

de esta naturaleza de todos

tan vivible como removida

por manos intangibles:

y para qué desear más mirada

si solo y sólo él labora

este sí-vivir semántico

con el que nos vocea en su anuncio

este nuestro lugar en el mundo.


(Del libro "En un lugar del mundo", Ediciones En Huida , 2024)








Una panóptica muy privada. A Enrique Valdivieso y Carmen, su esposa




Una panóptica muy privada. A Enrique Valdivieso y Carmen, su esposa

Esta vez, yo, tan puntual siempre, he llegado tarde. Tan trágicamente tarde, tan imperdonablemente tarde. En mi ánimo, en mi alma, en mi corazón, porque ambos, Enrique y Carmen, habitaban su propia estancia en él, se hallaba la idea, el deseo de pasarme algún sábado por la preciosa casa donde residían para presentarles a mi nieto, hoy, con tres meses de edad. Sólo esperaba a que el ambiente térmico, los aires primaverales sevillanos estuvieran más cercanos o desarrollados, y no sé si es que estos se han retrasado o el hecho de yo vivir a cierta distancia geográfica de su hogar me lo ha impedido. O yo no he sabido prever. Completamente no he sabido prever. Aunque, quién puede prever un suceso de tal categoría, quién, un accidente fatal que acaba con la vida de no solo mi querido y admirado profesor, sino de su querida y admirada también esposa, su mujer llamada con nombre de canto, Carmen.

La misma dificultad que encuentro hoy para expresar mi dolor y la compañía que me hicieron durante mi trayectoria vital es la que siempre me ha escoltado en mi recorrido voy a decir artístico. Porque si nunca he querido distinguir entre Arte y Poesía ha sido en gran parte debido a la enseñanza magistral de mi querido profesor. A él le debo no ya mi amor por el Arte, porque creo que casi desde que nací esa semilla se hallaba depositada en mí, sino algo aún mucho más profundo, más sostenible, menos etéreo, mucho más terrenal, más telúrico, algo al alcance de muy pocos. Él, con sus clases magistrales, con su poderío expresivo donde dejaba deslizarse su verdadero sentimiento y pasión por el Arte (fe, fe infinita), me enseñó a comprender el Arte. Ese mágico vocablo tan manoseado que nadie ha sido capaz de definir salvo con eternas perífrasis o tomos y tomos de palabras escritas. ¿Qué es el Arte? De Valdivieso aprendí que su definición es, de por sí, inefable. Recuerdo cómo en quinto de carrera, durante un examen donde entraba el tema de los Prerrafaelitas y ante la visión de una diapositiva de alguna pintura, algo desesperada porque una vez elaborado su comentario no me quedaba a gusto con lo de mí nacía, terminé el examen con toda mi frescura diciendo que solo un poema podría definir, descubrir, comentar esa pintura. Y así se lo entregué. Sabía que algo me la jugaba, pero mi vehemencia, mi necesidad de transmitir la belleza de esa pintura, logró que me arriesgara.

Y me comprendió, don Enrique el profesor, el admiradísimo por todos los alumnos profesor, me comprendió. A él le debo la Matrícula de Honor con la que me calificó en la asignatura que ese año impartió: Historia del Arte contemporáneo. Mi gran éxito en mis estudios, intuyo muy bien que depositada adrede en mi historial académico por su persona. Porque él sí creyó en mí, aunque no fue suficiente, porque los había mucho más avispados que yo entre el alumnado, gente muy bien “colocada” que consiguieron una media de nota más alta, de tal forma que me quedé a un paso, la tercera en la promoción, de conseguir una de las dos becas que me facilitaría la realización de la Tesis doctoral. Él me lo transmitió meses más tarde: te guardo el tema diez años, Sofía, “La escuela de Murillo” (casi ná, dije tal como digo ahora). Jamás pude llegar a matricularla por falta de medios económicos y ahí, esa, en esa encrucijada vital le decepcioné, llegó la gran decepción.

Sin embargo, el sincero afecto que había nacido entre su mujer, él y mi persona, me permitió, aunque a saltos de mata durante los años siguientes, seguir estando cerca de ellos. En mi alma se hallaba la necesidad de agradecimiento a su apoyo y a sus enseñanzas. Han formado parte de mi trayectoria vital humana (asistieron a mi boda, les llevé a mi hijo al poco de su nacimiento, alguna visita más tardía para enseñarle cómo había empezado a pintar al óleo y poco después a desarrollar mi gusto por la fotografía, otras por el simple placer de volver a verlo(s)…) e intelectual-artística. A él le pedí que prologara el libro de poemas más bonito que tengo escrito, “Los parasoles de Afrodita”, aunque posea casi nulas lecturas, no digamos ya crítica seria. Sabía que sólo él podría comprender por qué mis inquietudes artísticas encontraron el camino adecuado a través de la composición poética.

La gran decepción llegó con la actitud de la editorial. Nunca quiso resaltar que él, una de las figuras intelectuales más admiradas y queridas en Sevilla, era el prologuista. Para ellos no significaba nada; para mí, casi todo. En ese compendio poético logré, sin pretenderlo (mejor debería decir que lo logró Afrodita), comenzar a desarrollar mi teoría del Arte que nombro como “La costra dura de la nomenclatura”. Solamente, tras las enseñanzas de mi querido profesor, la poética pudo favorecerme la expresión de esa inefabilidad a la que aludí en aquel examen. Por fin comprendí, por fin supe, y sé, el porqué de mi amor por el Arte.  O por la poiesis. Y necesitaba que Valdivieso estuviera ahí. Era algo más que lo congruente. Era lo vital.

La última vez que nos encontramos presencialmente fue hace diez años justos. Apareció en la presentación del libro “Suroeste” y, si no recuerdo mal, con una de sus lindas hijas. Él siempre creyó en mí. Yo nunca he sabido moverme por ese mundo ajeno a lo verdadero. Yo nunca he creído en mí socialmente hablando, porque jamás me ha interesado ese camino como proyecto de vida, no sé si por miedo o por falta de habilidades. O por las dos causas a la vez, causas que se retroalimentan.

La última vez que vi a Carmen fue en la calle. Casi tropezamos. Iba en compañía de algunas amigas a visitar algún conjunto artístico, estaba ya jubilada, feliz, tan risueña, tanta alegría percibí que le daba encontrarme, poder abrazarme y darme unos besos. No he conocido nunca a nadie tan afable y cariñoso conmigo, a nadie de ese rango superior a mí en cuanto a la tesitura “maestros/alumnos”. Y ella, encima, catedrática de latín, mi lengua “muerta” amada. Siempre mis mayores han sido objeto de admiración y afecto por mi parte, de agradecimiento, mis mayores en cualquier campo o espacio. Pero ese, el “enseñante”, ocupa un enorme pedestal en mi ánimo. Los que forman parte de él son mis lares del hogar de mi mente, de mi espíritu intelectual, mis dioses humanos. Sentirme querida por ellos ha constituido el mejor regalo que la vida me ha deparado en ese ámbito y, como por Carmen y Enrique me sentí siempre así, querida, muy querida a causa de mi propia persona, hoy me siento casi tan huérfana como sus hijas.

Y debiéndoles lo más hermoso que la vida me ha regalado, que hubieran conocido a mi nieto, es decir sin haber podido ofrecerles el regalo del conocimiento de mi nieto como muestra de gratitud hacia ellos.

Como creer en el Arte es ser creyente, hoy sé que desde donde sus almas habiten ya habrán podido disfrutar de su sonrisa.

Siempre me acompañaron. Siempre me acompañarán. Sus personas hicieron un mundo mejor a mi alrededor. Fueron mis hacedores del bien. Es decir, mis bienhechores, mis benefactores.


Aeternitas

Aun en invierno, 

al recorrer el tiempo

vuelvo al comienzo.


o0o


Una estampa del sagrado corazón







Sacré coeur (Contra el frío) 

casto silencio, 
sagrado corazón
entre el ramaje. 

pura apariencia 
tramada entre las ramas
del boscaje bosqueja
la afable fronda 
presa en la llama 
de mi interior. 

lígrima mudez,
sagrado corazón, 
calor eterno.

(De "Opiliones")

Fotos móviles

Siempre me ha gustado disparar fotos a través de la ventanilla o del parabrisas del coche, normalmente juego con los reflejos, o disfruto viendo las sorpresas que me deparan cuando los miro, me encanta contemplar la distorsión que la velocidad procura o simplemente poder capturar esas escenas paisajísticas que me cautivan. Como el sábado pasado, cuando hizo mucha niebla durante todo el camino. Este disparo continúa sorprendiéndome bastante, no le encuentro explicación segura, a no ser que la misma niebla actúe como cuerpo semiopaco, y produzca la sombra del árbol (de color verde, por lo que me extraña que "sea sombra"), o como espejo y, entonces, lo refleje. En cualquier caso, como decía, me cautivan. Escribí ese poema para estos gustos míos. (El disparo está tal cual, ningún tipo de edición. Solo he añadido mi firma "a mano").



 

Fotomov

Espacios pequeños
con sus mínimas advertencias:
sed de mundo
en movimiento.
La pausa construimos.
Sin tiempo ni espacio
se agita
la tortuga vuelta del revés.
Para qué mis patas si suelo
no conservo,
para qué mi carey, mi coraza, mi escudo,
si no luzco brillos
para qué mis ojos
si permanecen cerrados.
Desde aquí observo un paisaje
sin tiempo ni espacio,
desde mi exógeno esqueleto
al infinito.
paisajes móviles
cristales de un mundo
en marcha
paisajes mínimos
cristales de un mundo
hecho añicos
paisajes cristales
mínimos de un mundo
que se marcha.
¿O yo me vengo?
( De "Camino de sirga", "Opiliones" 2023)

Las aguas

(Fui a compartir este poema, que pertenece al libro casi recién publicado "En un lugar del mundo", sobre las 9 de la mañana del día 29 de octubre. Pero "algo" me contuvo en el último momento, pensé "no vaya a ser que se líe más de la cuenta con esta lluvia". Era demasiado extraño todo. Aquí llovía a mares. Por mis escasos conocimientos de metereología, y por mi siempre enorme gusto por ella, no me cuadraba que, habiendo una dana en el Levante español, en este lugar, algo más al oeste aún que la ciudad de Sevilla, aquí cayera agua y, aún menos, con tantas ganas. Mi nuera estaba apenas recién ingresada para dar a luz a quien es hoy en día mi nieto. Había roto aguas. Tan solo me distraía para hacer tiempo hasta que llegara la hora de irnos al hospital. Todo fueron aguas ese día. Alguien comentó sobre la 1 del mediodía: "Vaya tela la que se está liando en Valencia". Aquí, a 500 km., un ama de casa algo inquieta por el nacimiento de su nieto y un futuro abuelo con gusto por leer las noticias sabíamos lo que el sinvergüenza no atinaba a medio vislumbrar ni mínimamente. Ni su jefe, el sr. Núñez ( qué leches son esa de Feijoó, su primer apellido es Núñez. Como el de la  IDA, nada de Ayuso, sino sra. Díaz, y punto. Hartita estoy de las rimbombancias con las que se adornan), que sigue sin querer ver (que se vuelva a poner las gafas). 

Para crucificarlos (es decir, detallo, para llevarlos ante la administración de Justicia), a uno y a otro "elementos" del PP.

Las fotos son de esa mañana camino de Sevilla. Las he trabajado ahora. 

El poema, abajo del todo.







 La sierpe agradecida


Las manos del arroyo se extienden

como garzas rosas planeando

sobre los caminos inundados.

Su cauce, antes perdido de agua,

hoy se derrocha lejano por la ribera

de los hombres, llama a los portones

cerrados, sagrada familia en itínere

del gran parto;

pero no le abren, no atienden

su súplica de desborde,

su necesidad de traspasar umbrales

de cobijo y calentar suelos insensibles.

El arroyo ahíto de líquido colmo busca

carentes alojos vitales, busca

querientes de agua vacantes, busca

acontecer como a él le han sucedido

la lluvia anhelada, la tierra desprendida,

las ramas de zarzas, las adelfas secas,

los cubos de pintura vacíos, el colchón

impuro, las bolsas de plástico blancas

como blancas palomas ahogadas 

tras su vuelo desde la tienda de avíos

hasta su barranco antes tan hueco.

Yo soy río grande, él se canta. Tan inocente,

huye de sí mismo entregándose a todos.

Y todos lo despiden con trompetas

tronantes de miedo y de paciencia mudas.

Y continúa huyendo yéndose.

Y buscando se aleja arroYando cada piedra

puesta en su camino. Avanza desembocando

su boca y su vientre pletóricos de légamo

en el horizonte adonde afluyen

todas las huidas, todos los abandonos.

Todas las vidas y todos los barros. 

En su mar. Atrás quedan

las muertes y los portazos,

los noes y hasta el ano y sus frutos

de quien solo pretendió devolver

todos los presentes prestados.


(De "En un lugar del mundo". Ediciones en Huida, 2024)


Caligrafía manuscrita digital poética

 Parece un trabalenguas. O no. Mejor, un trabaneuronas. Todo se debe a la petición de un admirador de mi poesía que además es coleccionista de manuscritos. Para ahorrarme el envío y el gasto en boli y en papel, me propuse escribir en la tablet, con una aplicación de dibujo, un poema de "En un lugar del mundo", lo que no es moco de pavo, al menos para mis capacidades. Ahora a ver si se conforma con este manuscrito digital. Conociéndolo, y sabiendo de su laburo (funcionario de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires especialista en libros antiguos, incunables etc e investigador de la Biblia y sus traducciones, de estos con guantes y buzo y bata blanca, sí) hasta pocas semanas después de la llegada de Milei al poder, porque en ese momento fue despedido arbitrariamente, me temo que no, que no se conformará. Así que ya voy pensando en escribirlo a boli con mi ídem de cuatro colores (rosa, violeta, verde y turquesa). Sabiendo de su gusto por el blanco y negro, le regalo mi gusto por los colorines 😜






Ya disponible "En un lugar del mundo"

 


El título de la foto (interpretación digital) de la portada de "En un lugar del mundo" parte de este poema (y de otras fotos que hay por ahí). Hoy lo uso para transmitiros que ya está el libro a la venta. Os dejo aquí el enlace a la página de la editorial, aparte de que podéis encargarlo en cualquier librería.  Y conste, que conste, como soy la negación de la autopublicidad, y no lo digo como mérito (mi padre decía que yo era la"negación del dominó", por lo mal que jugaba) que los poemas que os dejo como muestra no son ni de lejos los mejores ni los "esos" que más se me enganchan, pero sí los congruentes conforme a lo que atino tengo que decir por aquí para informaros sobre el libro en sí. Ediciones en Huida https://www.edicionesenhuida.es/producto/en-un-lugar-del-mundo/


AQUÍ se puede adquirir.


La geoda

El polvo rosa sucede a la lluvia
sobre los juncos verdes. El arroyo
se cubre de velo tornasolado.
La soledad de la piedra se tumba
a descansar de tanta hambre de amor.
Goza con su vientre ahíto de cuarzo
y agua. Odalisca tan dulce y plena
como aquellas hetairas del jardín
nemoroso. En su vergel, edén
o paraíso que no olvidó
de geoda y de cueva del tesoro.

Cuánta diferencia entre aquel mundo
y este de las piedras cuajado
de senderos transitables. La voz
culmina el proceso de la niebla,
se levanta lamiendo los caminos
con su lengua de humecto humo
respirable. En el otro, todo tan vacío
de silencio y perfume, a duras penas
se oxigena mi piel interna,
sin sentidos se suceden mis pasos
ciegos de piedras. Aquí ya sin mi sombra
se me transparentan los caracoles
que crujiendo mueren bajo mi peso
de luz del sol aromatizada
con almanaques de horas interiores
colmadas de correspondencia sin buzones.
Las palomas cultivan el rebaño
de la yerba, mensajean las briznas
a mi regazo, muere la senectud
de aquel mundo tan frío y hueco
como un enjambre de lentejuelas.
Aquí brillan irisadas el interior de las casas
rizadas rebosantes de entrañas
verdes y domésticas transacciones:
el gato juega con el ratón,
el perro se esconde del gato,
el pajarito vuela volcando
los cacharros de los estantes,
la abeja zumba al olor del cocido,
baila como una gitana alrededor
de la válvula de escape y todo
se me cumple como una profecía
leyendo el misterio de la leyenda
que no se escribe: las vertientes gozosas
se erigen desde mi pecho y me expande,
me extiende olvidando los recuerdos
de aquel paraíso imperdible:
ya no existen en la memoria,
ya los vivo como esplendores de hoy
en mi geoda de mundo habitado,
tan diferente, tan de piedra
y agua, sin vientos de murmullo
vociferante, tan ausente
de todo lo que sobra.

Presentación del libro "En un lugar del mundo"

 Tal como reza el cartel, el viernes de la próxima semana, día 4 de octubre, presentaremos el libro "En un lugar del mundo"en el lugar citado. Wish (all of) you were (t)here!

Abajo os dejo uno de los más breves poemas de su interior, antes de que se me vaya el mes. Como aquí aún no ha llovido (apenas un chaparrón de cinco o diez minutos), tiene más congruencia la cuestión.



Septiembre


Las hojas verdes de la tomatera

verde como sus frutos rojos

y las rosas rojas perennes

como el calor a la sombra

del verano cayendo

por su propio peso

como la gravedad de nuestro suelo

combatiendo contra el sol

que ya se inclina desorbitado

ante las ilesas espinas de los rosales

y su eternidad de alerta sin descanso

y, por tanto, sin dudas.

Así el verano estacionario

me enmudece siendo losa

que blandiera el silencio

como bandera roja y verde,

con claveles aproximados a la boca

del león de fuego y su garganta de luz

sobre el duro y empolvado pacto 

entre la soledad de la hoja

y la compañía de su tiempo 

de un minuto de mutismo

por el estío ya agostado.





"En un lugar del mundo", nuevo libro de poemas

 




Os presento las portada y cubierta de mi próximo libro. Ediciones en Huida ha vuelto a confiar en mi poesía para incluir en su catálogo de publicaciones un poemario más salido de mis manos. Acaba de entrar en imprenta.

Llegado este momento, este punto del camino que comenzó cuando una se decidió a escribir el libro, siempre me asalta la misma duda, la misma pregunta. ¿Realmente merece la pena?, ¿de verdad lo que una vertió en esas páginas merece el esfuerzo de, en este caso, una editorial y el consiguiente trabajo que implica la publicación de cualquier libro? Nunca, o en contadísimas ocasiones, he conseguido obtener respuesta. Quizás por lo mismo, no dejo de preguntármelo.Se trata de un ejercicio interior inevitable en mí. Mi única pretensión cuando me decido a intentar publicar algo, es decir, a hacer público mi trabajo intelectual, emocional y psicológico puesto en forma de palabras poéticas, es y ha sido siempre la de contribuir, laborar por intentar mejorar el mundo. Tal vez comporte un objetivo demasiado elevado para mis capacidades, algo de presunción sí que conlleva. Quizás, de nuevo, por lo mismo, me asalte el ejercicio de humildad consecuente, una manera inconsciente de guardar el equilibrio, de moderar mis expectativas y mi posición en el mundo. Pero es completamente honesto. Con toda mi sinceridad, es la pregunta que me asalta hoy mismo, pregunta sobre la que, como ya he dicho anteriormente, probablemente no obtendré respuesta.


Iré dejando más información sobre el particular. Abajo la cubierta dividida en dos por si queréis acercaros a leer los textos de las solapas.







Preñeces Afrodisiacas

 



Célibe Afrodita

No-me-caso-con-nadie.

Y me despeñaré,

imparcial y ufana,

clara y complaciente

con la piedra, piedra,

piedra que hinca,

clava la zarza y llora la saya,

que allá voy yendo y cayendo en el arrojo

bronce de las retamas

que desgarran con señas

la piel de mis zancas

de fémures rotos y quejigo

que insta y que quema

la paja de guardia.

Duermo, sueño:

Fundido en negro.

Los bajíos del óseo marino vadeo,

las simas abisales calientes,

las cárcavas de sales salvan

los saldos triangulares y minerales

que espinan y traspasan:

simiente de grava bajo las hullas de las Eras

goza

fornicando al aire,

que no aúlla,

que no abre fauces a la marina dentellada.

Ese nigromante en do menor,

con bemoles secretos bajo las axilas

de un tú ya agostado, ya sometido

al grave sol,

adquiere semblante.

Conmigo me quedo con-voy de ti,

¿cuándo me encontraré?

Allá por donde surque la Belleza,

que del agua brotas,

flor abierta, llaga en vela

que del suelo al cielo cae.


Sofía Serra, 2010. “Los parasoles a Afrodita”. Baile del sol, 2013. Se puede adquirir en FNAC, La casa del libro, El Corte Inglés, en la propia página de la editorial, en Amazon y en cualquier librería que lo tenga en stock o encargándolo.

Naomaquia

 



E la nave va


ya no importando 

si océano o celeste

surca la nave


corrientes bravas 

contrarios remolinos

nubes y calmas,


tal glauca ánima

con luz clarividente 

de voluntad o sino.

Ratinhos (Poema y foto)




 Homenaje fraterno


Fértil y tan fecunda, feraz

habitante del campo,

ciudadana de las piedras

y de los albañales,

eriges tu hogar

alejada del mundanal ruido, 

casi ni se te oye.

Amante de los pétalos de las rosas,

de las hojas de los laureles,

de las infusiones y de las legumbres

más leves, más pequeñas,

sabia despensera, añades

arroz a las lentejas

para obtener compuesto alimenticio

con perfecta proteína.

Organizas tu piso primorosamente

tal como ornas tu cuerpo

con perlas de azabache

y los más hermosos tejidos:

seda para la gran cola de tu vestido

y la mejor pelambre que te abrigue.

Tan parecida a mí que todos

nos confundirían

como si géminas fuéramos.

Mas he de desviarte

de tu otro trayecto, el destructor,

y permitir, aunque solo fuera,

que mi vacío se construyera.

Disponer,

por más que el corazón se me rompa,

por más que me hiera, 

por más duelos y lutos

que luego vista, tu muerte.

Acudo a las otras hermanas

que me ofrecen el remedio

más eficaz y menos doloroso.

Sólo sentirás sed

para al final fallecer

ahogada en tu (nuestra)

propia sangre:

Las adelfas me acompañan

en el decisivo acto, 

o sea,

me consuelan, 

o sea,

me regalan suelo y flores

donde lograr integrarme.


Mi alacena ya no se vacía.

Te echo de menos,

tú, mi gemela, ya sabes

lo mal que aquello llevo.

Por eso erijo tu cenotafio

no sé si a ti o a tu muerte.

En cualquier caso,

sé bien que no puedo matar 

a una hermana sin llorar. 

Tampoco vivir con quien me destroza

lo que, con tanto amor y curaje,

yo misma he construido.


(12/julio/2024)


Lucientes



Rosa luciente Luciendo así, rosa, sacias el pozo de la espera. ¡Por dios bendito!, ¿qué hueco me dejarás para poder alojar la esperanza?

Gigantofilia




La giganta


Hasta los jaramagos perfuman

la suerte de mis pasos

bajo el sol y sobre la tierra.

Culmina el puente de luz

la avenida que esconde

el ramo de troncos centenarios

tranquilamente dormidos

de pie, como la perra vieja

y sus canas hocicantes de hembra

parida de bruces bajo su caseta.

Huele el campo a campo vivo,

(los hay muertos),

huele el aire a sal marina muerta

izada al cielo como Layla

(sal viva, Layla, sal):

sueños tan potentes como el imán del planeta

que a todos nos sujeta a su superficie.

¿Tendrá conciencia, la Tierra, de sí misma

y los aromas que me embriagan?

¿Suspendería su deriva con rumbo

si el conocimiento obtuviera?

Yo me detengo sabedora

de mi fortuna dorada, absorbo

a través de mis sentidos la belleza

que me plasma el suelo,

goce tan rico de señuelos

que me pierden 

fundida sobre la naciente pradera 

que, como vello urticario de una gigante tranquila

dormitando bajo el sol y las nubes,

expele humores de agraces

mieles libadas por mis ojos

mis sentidos, mi razón...


Posados sobre la yerba,

se habitúan mis pasos al mullido jergón

donde reposan silentes a la espera

de la lluvia sus vastas ubres

de dulce, brava e ignorante matrona.

De su poderío hablan por ella

las colinas, las sierras, los barrancos,

los bosques, las tercas estepas,

las piedras son sus huesos trabados

en polvo rosa de cimientos

para esta catedral en el vientre

de la geoda. Mas ella ajena

dormita y desde su sueño

yo velo por su inocente descanso

bañándome en su ronquido

de madera, yerba, tierra y viento

contenido entre loma y loma

levanto su aliento de hembra

fecunda y recia respirando

de tanto esfuerzo callado.


De dónde llegan las encinas y los pinos,

de dónde las piedras salvajes

como tortugas marinas durmientes

excavan su nido asomando solo

sus crestas grises y azules,

de dónde la tierra dura culmina

su labor de ternura acunando

tanta semilla de flor nueva

que se abre al cielo y a mis pasos

sin huellas, sin pisadas

que las aplaste: vuelo como la abeja

liba de color en color

bajo el manto de la luminosa claridad,

bajo el aura magna de esta giganta

que, durmiendo, trabaja y se afana

para que yo sueñe, piense o goce,

para que yo desdiga cada luciente

empresa que no se oculta,

para que niegue mi forma y mi nombre

entre tanto contenido de verdad,

de plenitud completa de ser

viviente habitado y gigante, de ser

mínimo como los pétalos

de los jaramagos, de ser

minúsculo como yo.


Y como tú.


(De "En un lugar del mundo", 2019-2020)

Dos perros de agua




El perro de agua


esos tamaños grises de tus huellas

en la orilla me hablan de tus pies.

ah, cuánto tuvo que dolerte,

¿verdad?

Verdad.

abrir la cola en canal,

despegar

escama por escama,

separar

cada espina

extraer

cada nervio

llegar

a la médula,

y oh, sorpresa, era bífida

como tus ojos y tus manos

y hasta tu cerebro.

A partir del hueso

ya sufriste menos,

sencilla operación

de invertido camicace

que en vez de suicidarse

multiplica su mitad

corporal

desde abajo,

lo único

que se necesita

para ser

el hombre andando

desde arriba

golpea el mar

con la fuerza de su puño.

quedaba lejos

tu blanda apuesta de soslayo

y penitente reserva yo

qué más querer que

ser tu herida

para que así

me lamieras.


(Del libro "Los cabezos amarillos". Ediciones En Huida, 2019 )

Los limos

 





Limeña


Contra el frío,

contra el retruécano de los vivientes,

de la Naturaleza salvaje o

de los hombres o de la geografía,

contra la ironía fuera de tiempo,

quizás eterna, desmedida

pero solitaria, contra

el acoso de la genética

injusticia humana,

contra la sombra sobre el hielo,

contra la luz cegadora,

contra todo tú con tu

coraza de samurái

¿no vas a poder siendo

ellos tan vulnerables como las gotas

del rocío al amanecer y, aun así,

albergando la futura vida

sobre el lecho del arroyo

que de la lluvia depende

para continuar 

viviendo-corriendo-amamantando

cobijando-líquido

tan evanescente tan precario

tan vulnerable tan sometido a todo

el agua, la madre eterna?


Y ahora tendrás que explicar,

si no puedes, habrás de argumentar

tu impotencia, tu aquiescencia

al frío helador, las neuronas angelicales

padecen pena dolor reserva

el frío se soslaya se abate se conjura

se somete con las tres pisadas libres

de miedo al combate de un samurái

congelado bajo el glaciar

del ignorado propósito

del qué hago aquí

salvo mirar los huevos de rana, explico,

atrás dejé el símbolo,

croar, croar como los poetas

y la noche de mayo gozará

con el insulso drama que planteo

entre mi osadía y mi cobardía heladora,

aquélla, caliente. Y siempre,

ambas erigidas.


Adiós, cimientos.

Viva el tibio limo.


(De "Erección", 3/2/2024)