Como decíamos antes de ayer, y ayer, y hoy.
Una estampa del sagrado corazón
Sacré coeur (Contra el frío)
Las aguas
(Fui a compartir este poema, que pertenece al libro casi recién publicado "En un lugar del mundo", sobre las 9 de la mañana del día 29 de octubre. Pero "algo" me contuvo en el último momento, pensé "no vaya a ser que se líe más de la cuenta con esta lluvia". Era demasiado extraño todo. Aquí llovía a mares. Por mis escasos conocimientos de metereología, y por mi siempre enorme gusto por ella, no me cuadraba que, habiendo una dana en el Levante español, en este lugar, algo más al oeste aún que la ciudad de Sevilla, aquí cayera agua y, aún menos, con tantas ganas. Mi nuera estaba apenas recién ingresada para dar a luz a quien es hoy en día mi nieto. Había roto aguas. Tan solo me distraía para hacer tiempo hasta que llegara la hora de irnos al hospital. Todo fueron aguas ese día. Alguien comentó sobre la 1 del mediodía: "Vaya tela la que se está liando en Valencia". Aquí, a 500 km., un ama de casa algo inquieta por el nacimiento de su nieto y un futuro abuelo con gusto por leer las noticias sabíamos lo que el sinvergüenza no atinaba a medio vislumbrar ni mínimamente. Ni su jefe, el sr. Núñez ( qué leches son esa de Feijoó, su primer apellido es Núñez. Como el de la IDA, nada de Ayuso, sino sra. Díaz, y punto. Hartita estoy de las rimbombancias con las que se adornan), que sigue sin querer ver (que se vuelva a poner las gafas).
Para crucificarlos (es decir, detallo, para llevarlos ante la administración de Justicia), a uno y a otro "elementos" del PP.
Las fotos son de esa mañana camino de Sevilla. Las he trabajado ahora.
El poema, abajo del todo.
La sierpe agradecida
Las manos del arroyo se extienden
como garzas rosas planeando
sobre los caminos inundados.
Su cauce, antes perdido de agua,
hoy se derrocha lejano por la ribera
de los hombres, llama a los portones
cerrados, sagrada familia en itínere
del gran parto;
pero no le abren, no atienden
su súplica de desborde,
su necesidad de traspasar umbrales
de cobijo y calentar suelos insensibles.
El arroyo ahíto de líquido colmo busca
carentes alojos vitales, busca
querientes de agua vacantes, busca
acontecer como a él le han sucedido
la lluvia anhelada, la tierra desprendida,
las ramas de zarzas, las adelfas secas,
los cubos de pintura vacíos, el colchón
impuro, las bolsas de plástico blancas
como blancas palomas ahogadas
tras su vuelo desde la tienda de avíos
hasta su barranco antes tan hueco.
Yo soy río grande, él se canta. Tan inocente,
huye de sí mismo entregándose a todos.
Y todos lo despiden con trompetas
tronantes de miedo y de paciencia mudas.
Y continúa huyendo yéndose.
Y buscando se aleja arroYando cada piedra
puesta en su camino. Avanza desembocando
su boca y su vientre pletóricos de légamo
en el horizonte adonde afluyen
todas las huidas, todos los abandonos.
Todas las vidas y todos los barros.
En su mar. Atrás quedan
las muertes y los portazos,
los noes y hasta el ano y sus frutos
de quien solo pretendió devolver
todos los presentes prestados.
(De "En un lugar del mundo". Ediciones en Huida, 2024)
Naomaquia
E la nave va
ya no importando
si océano o celeste
surca la nave
corrientes bravas
contrarios remolinos
nubes y calmas,
tal glauca ánima
con luz clarividente
de voluntad o sino.
Ratinhos (Poema y foto)
Homenaje fraterno
Fértil y tan fecunda, feraz
habitante del campo,
ciudadana de las piedras
y de los albañales,
eriges tu hogar
alejada del mundanal ruido,
casi ni se te oye.
Amante de los pétalos de las rosas,
de las hojas de los laureles,
de las infusiones y de las legumbres
más leves, más pequeñas,
sabia despensera, añades
arroz a las lentejas
para obtener compuesto alimenticio
con perfecta proteína.
Organizas tu piso primorosamente
tal como ornas tu cuerpo
con perlas de azabache
y los más hermosos tejidos:
seda para la gran cola de tu vestido
y la mejor pelambre que te abrigue.
Tan parecida a mí que todos
nos confundirían
como si géminas fuéramos.
Mas he de desviarte
de tu otro trayecto, el destructor,
y permitir, aunque solo fuera,
que mi vacío se construyera.
Disponer,
por más que el corazón se me rompa,
por más que me hiera,
por más duelos y lutos
que luego vista, tu muerte.
Acudo a las otras hermanas
que me ofrecen el remedio
más eficaz y menos doloroso.
Sólo sentirás sed
para al final fallecer
ahogada en tu (nuestra)
propia sangre:
Las adelfas me acompañan
en el decisivo acto,
o sea,
me consuelan,
o sea,
me regalan suelo y flores
donde lograr integrarme.
Mi alacena ya no se vacía.
Te echo de menos,
tú, mi gemela, ya sabes
lo mal que aquello llevo.
Por eso erijo tu cenotafio
no sé si a ti o a tu muerte.
En cualquier caso,
sé bien que no puedo matar
a una hermana sin llorar.
Tampoco vivir con quien me destroza
lo que, con tanto amor y curaje,
yo misma he construido.
(12/julio/2024)
Lucientes
Gigantofilia
La giganta
Hasta los jaramagos perfuman
la suerte de mis pasos
bajo el sol y sobre la tierra.
Culmina el puente de luz
la avenida que esconde
el ramo de troncos centenarios
tranquilamente dormidos
de pie, como la perra vieja
y sus canas hocicantes de hembra
parida de bruces bajo su caseta.
Huele el campo a campo vivo,
(los hay muertos),
huele el aire a sal marina muerta
izada al cielo como Layla
(sal viva, Layla, sal):
sueños tan potentes como el imán del planeta
que a todos nos sujeta a su superficie.
¿Tendrá conciencia, la Tierra, de sí misma
y los aromas que me embriagan?
¿Suspendería su deriva con rumbo
si el conocimiento obtuviera?
Yo me detengo sabedora
de mi fortuna dorada, absorbo
a través de mis sentidos la belleza
que me plasma el suelo,
goce tan rico de señuelos
que me pierden
fundida sobre la naciente pradera
que, como vello urticario de una gigante tranquila
dormitando bajo el sol y las nubes,
expele humores de agraces
mieles libadas por mis ojos
mis sentidos, mi razón...
Posados sobre la yerba,
se habitúan mis pasos al mullido jergón
donde reposan silentes a la espera
de la lluvia sus vastas ubres
de dulce, brava e ignorante matrona.
De su poderío hablan por ella
las colinas, las sierras, los barrancos,
los bosques, las tercas estepas,
las piedras son sus huesos trabados
en polvo rosa de cimientos
para esta catedral en el vientre
de la geoda. Mas ella ajena
dormita y desde su sueño
yo velo por su inocente descanso
bañándome en su ronquido
de madera, yerba, tierra y viento
contenido entre loma y loma
levanto su aliento de hembra
fecunda y recia respirando
de tanto esfuerzo callado.
De dónde llegan las encinas y los pinos,
de dónde las piedras salvajes
como tortugas marinas durmientes
excavan su nido asomando solo
sus crestas grises y azules,
de dónde la tierra dura culmina
su labor de ternura acunando
tanta semilla de flor nueva
que se abre al cielo y a mis pasos
sin huellas, sin pisadas
que las aplaste: vuelo como la abeja
liba de color en color
bajo el manto de la luminosa claridad,
bajo el aura magna de esta giganta
que, durmiendo, trabaja y se afana
para que yo sueñe, piense o goce,
para que yo desdiga cada luciente
empresa que no se oculta,
para que niegue mi forma y mi nombre
entre tanto contenido de verdad,
de plenitud completa de ser
viviente habitado y gigante, de ser
mínimo como los pétalos
de los jaramagos, de ser
minúsculo como yo.
Y como tú.
(De "En un lugar del mundo", 2019-2020)
Dos perros de agua
El perro de agua
esos tamaños grises de tus huellas
en la orilla me hablan de tus pies.
ah, cuánto tuvo que dolerte,
¿verdad?
Verdad.
abrir la cola en canal,
despegar
escama por escama,
separar
cada espina
extraer
cada nervio
llegar
a la médula,
y oh, sorpresa, era bífida
como tus ojos y tus manos
y hasta tu cerebro.
A partir del hueso
ya sufriste menos,
sencilla operación
de invertido camicace
que en vez de suicidarse
multiplica su mitad
corporal
desde abajo,
lo único
que se necesita
para ser
el hombre andando
desde arriba
golpea el mar
con la fuerza de su puño.
quedaba lejos
tu blanda apuesta de soslayo
y penitente reserva yo
qué más querer que
ser tu herida
para que así
me lamieras.
(Del libro "Los cabezos amarillos". Ediciones En Huida, 2019 )
Los limos
Limeña
Contra el frío,
contra el retruécano de los vivientes,
de la Naturaleza salvaje o
de los hombres o de la geografía,
contra la ironía fuera de tiempo,
quizás eterna, desmedida
pero solitaria, contra
el acoso de la genética
injusticia humana,
contra la sombra sobre el hielo,
contra la luz cegadora,
contra todo tú con tu
coraza de samurái
¿no vas a poder siendo
ellos tan vulnerables como las gotas
del rocío al amanecer y, aun así,
albergando la futura vida
sobre el lecho del arroyo
que de la lluvia depende
para continuar
viviendo-corriendo-amamantando
cobijando-líquido
tan evanescente tan precario
tan vulnerable tan sometido a todo
el agua, la madre eterna?
Y ahora tendrás que explicar,
si no puedes, habrás de argumentar
tu impotencia, tu aquiescencia
al frío helador, las neuronas angelicales
padecen pena dolor reserva
el frío se soslaya se abate se conjura
se somete con las tres pisadas libres
de miedo al combate de un samurái
congelado bajo el glaciar
del ignorado propósito
del qué hago aquí
salvo mirar los huevos de rana, explico,
atrás dejé el símbolo,
croar, croar como los poetas
y la noche de mayo gozará
con el insulso drama que planteo
entre mi osadía y mi cobardía heladora,
aquélla, caliente. Y siempre,
ambas erigidas.
Adiós, cimientos.
Viva el tibio limo.
(De "Erección", 3/2/2024)























